martes, 4 de marzo de 2008

El Reclamo de Monseñor Liberto: "El Gregoriano era, es y será el verdadero y único canto de la Iglesia Católica"

El Maestro Director del coro de la Capilla Sixtina, Monseñor Giuseppe Liberto habla para el portal Petrus y expone acerca del canto gregoriano, su naturaleza, procedencia y uso en la iglesia así como de los abusos que se cometen al utilizar instrumentos indignos a la hora de adorar y alabar a Dios.



- Monseñor, ¿el Gregoriano es el verdadero canto de la iglesia católica?
“Es el único canto de la Iglesia Católica. Viene de la lectura de las Sagradas Escrituras, lo que es más, pensó Paulo VI escribir en un librito en el cual recomendaba cantar aún arias de la devoción popular según el estilo gregoriano”.


- Benedicto XVI ha invitado a prestar mucha atención sobretodo a los textos...
“El Santo Padre tiene perfectamente la razón. Se necesita hacer cantar a los fieles cosas buenas y santas, intentando no caer en la superficialidad y en los sonsonetes. El sentido de lo sagrado nace de una música litúrgica compuesta, sobria, pero al mismo tiempo de cualidad: el Gregoriano y la polifonía representan el ideal de la perfección”.


- En ciertas celebraciones litúrgicas, especialmente en países latinoamericanos pero también aquí en Italia, se consiente la utilización durante la Santa Misa de instrumentos como el tambor, la batería y la guitarra eléctrica...
“Nunca los utilizaría. No deseo poner en el índice [prohibido] ningún instrumento, pero francamente no me parecen adecuados para la Misa. En estos casos se habla, con justicia, de inculturación de los pueblos, pero la verdadera importancia es que en español, inglés, en francés o en italiano se cante bien y con absoluta fidelidad a la palabra de Dios”.


- También los [así] llamados ‘carismáticos’ resultan a veces al menos exhuberantes...
“Nunca he participado de estas reuniones pero he oído hablar: quizás deberían tener más moderación”.


- A veces, durante las celebraciones litúrgicas, en el momento del ofertorio ha sucedido que se oyen himnos religiosos inspirados completamente en las canciones de Bob Dylan...
“Francamente no, no estoy de acuerdo con quien hace estas opciones. No tengo nada personal contra Bob Dylan, pero nunca la utilizaría durante una Misa. No, Bob Dylan no tiene nada que ver con la Misa: la Misa es seriedad, compostura, belleza”.


- Monseñor Liberto, ¿qué cosa es la belleza en la música?
“Armonía, fineza, dimensión vertical, búsqueda de Dios: cosas que solamente el Gregoriano puede asegurar. Repito: el Gregoriano era, es y será siempre el verdadero y único canto de la Iglesia Católica”.

lunes, 3 de marzo de 2008

Constitución "SACROSANCTUM CONCILIUM", sobre la Sagrada Liturgia

CAPÍTULO VI
MÚSICA SAGRADA

112. La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne.
En efecto, el canto sagrado ha sido ensalzado tanto por la Sagrada Escritura 278 como por los santos Padres y por los Romanos Pontífices, los cuales, en los últimos tiempos, empezando por San Pío X, han expuesto en forma más insistente la función ministerial de la Música sacra en el servicio divino.
La Música sacra, por consiguiente, será tanto más santa cuanto más íntimamente se halle unida a la acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la oración y fomentando la unanimidad, ya sea enriqueciendo con mayor solemnidad los ritos sagrados. Además, la Iglesia aprueba y admite en el culto divino todas las formas de arte auténtico, siempre que estén adornadas con las debidas cualidades.
Por lo tanto, el Sacrosanto Concilio, manteniendo las normas y preceptos de la tradición y disciplina eclesiástica, y atendiendo a la finalidad de la Música sacra, que es la gloria de Dios y la santificación de los fieles, establece lo que sigue.
113. La acción litúrgica reviste una forma más noble cuando los Oficios divinos se celebran solemnemente con canto y cuando en ellos intervienen los ministros sagrados y el pueblo también participa activamente.
En cuanto a la lengua que debe usarse, cúmplase lo dispuesto en el artículo 36; en cuanto a la Misa, el artículo 54; en cuanto a los Sacramentos, el artículo 63; en cuanto al Oficio divino, el artículo 101.
114. Consérvese y cultívese con sumo cuidado el tesoro de la Música sacra. Foméntense, con diligencia, las «scholae cantorum», sobre todo en las iglesias catedrales. Los Obispos y demás pastores de almas procuren con gran cuidado que en cualquier acción sagrada, que haya de realizarse con canto, toda la comunidad de los fieles pueda aportar la participación activa que les corresponde, conforme a los artículos 28 y 30.
115. Se dé mucha importancia a la enseñanza y a la práctica musical en los Seminarios, en los noviciados y es los escolasticados de Religiosos, de ambos sexos, así como también en las demás instituciones y escuelas católicas. Para que se pueda conseguir esta enseñanza, fórmense con esmero profesores encargados de la Música sacra.
Se recomienda, además, que, según las circunstancias, se erijan Institutos Superiores de Música sacra.
A los compositores y cantores, en particular a los niños, se les debe dar una auténtica formación litúrgica.
116. La Iglesia reconoce el canto gregoriano como el propio de la liturgia romana; en igualdad de circunstancias, por lo tanto, se le debe otorgar el primer lugar en las acciones litúrgicas.
Los demás géneros de Música sacra, y en particular la polifonía, de ninguna manera quedan excluidos en la celebración de los Oficios divinos, si responden al espíritu de la acción litúrgica, según el artículo 30.
117. Se complete la edición típica de los libros de canto gregoriano; más aún: prepárese una edición más crítica de los libros ya editados después de la reforma de San Pío X.
También conviene preparar una edición que contenga melodías más sencillas para uso de las iglesias menores.
118. Se fomente con cuidado el canto religioso popular, de modo que, en los ejercicios piadosos y sagrados y en las acciones litúrgicas mismas, de acuerdo con las normas y prescripciones de las rúbricas, resuenen las voces de los fieles.
119. Como en ciertas regiones, principalmente en las Misiones, hay pueblos con una tradición musical propia que tiene mucha importancia en su vida religiosa y social, dése a esta música la debida estimación y el lugar correspondiente, no sólo para formar su sentido religioso, sino también para acomodar el culto a su propia índole, conforme a los artículos 39 y 40.
Por esta razón, en la formación musical de los misioneros procúrese con sumo cuidado que, dentro de lo posible, puedan promover la música tradicional en dichos pueblos, tanto en las escuelas como en las acciones sagradas.
120. Se tenga en gran estima en la Iglesia latina el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias de la Iglesia, y levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales.
En el culto divino se pueden admitir otros instrumentos, a juicio y con el consentimiento de la autoridad eclesiástica territorial competente, conforme a los arts. 22 §2, 37 y 40, siempre que sean aptos o puedan adaptarse al uso sagrado, estén a tono con la dignidad del templo y contribuyan realmente a la edificación de los fieles.
121. Los compositores, verdaderamente cristianos, deben sentirse llamados a cultivar la Música sacra y a acrecentar su tesoro.
Compongan melodías que presenten las características de verdadera Música sacra y que no sólo puedan ser cantadas por las «scholae cantorum» mayores, sino que también estén al alcance de coros más modestos y fomenten la activa participación de toda la asamblea de los fieles.
Los textos destinados al canto sagrado deben estar de acuerdo con la doctrina católica; más aún, deben tomarse principalmente de la Sagrada Escritura y de las fuentes litúrgicas.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Concierto en Catedral de San Bernardo

El próximo domingo 11 de noviembre a las 19:30 hrs. se presentará en la Catedral de San Bernardo el Coro "Francisco Salinas", de Salamanca, España, en su primera visita a Chile con ocasión de la celebración de su 20º Aniversario de creación. Su director y fundador es Don Victoriano García Pilo, Sacerdote, Canónigo y Organista Titular de la Catedral de Salamanca.

Cantarán primeramente la Santa Misa y seguidamente realizarán el Concierto. Invita y Organiza: "Schola Cantorum Diócesis de San Bernardo" Director: Nicolás Petrovich. La entrada es liberada.

La asociación cultural “Coro Francisco Salinas” Salamanca, nace en el año 1987, siendo su fundador y director D. Victoriano García Pilo, con el propósito de dotar a Salamanca de una agrupación coral estable, quedando constituida inicialmente, por 65 voces mixtas de adultos, que, anualmente se va renovando e incrementando. Tras algo más de dos años de preparación, realiza su presentación ante el público salmantino el día 27 de Junio de 1989, ofreciendo un primer concierto en el patio de la Universidad Pontificia de Salamanca. Vinculado a la Catedral de Salamanca, intervienen todos los actos litúrgicos de importancia que se realizan en la misma (Semana Santa, Ascensión, Corpus Christi, etc.). Ha intervenido en más de 1000 conciertos, organizados por la Junta Autonómica de Castilla y León, Diputación Provincial, Ayuntamiento de Salamanca, Caja Duero, Iberdrola, Caja Madrid y diversos congresos, así como los organizados por la Junta de Semana Santa y Cofradías de Salamanca.

Asimismo ha realizado numerosos intercambios con Corales de Portugal. En Septiembre de 1991, realiza su primera gira cultural, visitando Italia, siendo recibido en Audiencia General por S.S. Juan Pablo II, y durante su visita al Vaticano interviene en una celebración litúrgica en la Basílica de San Pedro.En Junio de 1992, interpreta en Palencia y Salamanca la Misa de la Coronación, de W. A. Mozart, acompañado por la Orquesta Palatina de Mannheim. Este mismo año realiza una gira por la actual República de Eslovenia, Austria y Alemania. En Agosto de 1993, por invitación de la Academia de Música de Mannheim, visita esta Ciudad, en la que interpreta, nuevamente, la Misa de la Coronación de Mozart, acompañado por la orquesta de dicha Academia de Música. Extiende su gira a otras localidades alemanas, en las que realiza diversos conciertos y misas.

Además de la mencionada Misa de la Coronación, cuenta con un extenso repertorio tanto en polifonía religiosa como profana o popular, así como obras importantes, tales como: Mesías de Haendel, Misa Pontificalis de L. Perosi, Misa Salamantina de Aníbal Sánchez, Naim de C. Palomo, Nona de Goyenechea, Vísperas Comunes del Padre Antonio Soler, Misa G-Dur de Franz Schubert. Todas de carácter religioso.

En polifonía profana ha interpretado el RETABLO DE S. JUAN de Constancio Palomo y ÁGORA 2005 de Manzano y Legido (composición para conmemorar el 250 aniversario de la Plaza Mayor de Salamanca) En años sucesivos ha efectuado viajes turístico-culturales por Francia, Holanda, Bélgica, Inglaterra, Croacia, Escandinava, Rusia con una constante intervención coral.Ha instituido la celebración de la Misa de Navidad, que se celebra todos los años en La Clerecía, el día 25 de Diciembre, festividad de la Natividad del Señor.D. Victoriano García Pilo, sacerdote, Canónigo Organista titular de la Catedral de Salamanca, y Presidente de la Comisión de Música de la S.I.B. Catedral de Salamanca, es licenciado en Teología y Filosofía por la Universidad Pontificia de Salamanca y Complutense de Madrid.Dirige, además del Coro “Francisco Salinas”, el Coro “Tomás Luis de Vitoria”, con el que ha realizado sobre 2000 conciertos, no sólo en España, sino, también, en frecuentes salidas por Europa, Japón y Estados Unidos de América.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Música sacra debe rescatar la tradición de la Iglesia, dice el Papa

VATICANO, 13 Oct. 07 (ACI).-
Al visitar esta mañana el Pontificio Instituto de Música Sacra, con ocasión de su reciente renovación, el Papa Benedicto XVI pidió a las autoridades eclesiásticas velar para que el 'aggiornamiento' de la música religiosa se haga en continuidad con la tradición viva de la Iglesia.

Luego de saludar y agradecer a los benefactores del Instituto, así como a su Gran Canciller, el Cardenal Zenon Grocholewski, el Santo Padre elogió este centro de música litúrgica, donde "numerosos estudiantes, que vienen acá de todas partes del mundo para formarse en las disciplinas de la música sacra, se convierten a su vez en formadores en sus respectivas iglesias locales".
El Pontífice destacó la importancia que el Concilio Vaticano le concede a la música sacra y señaló "cuán rica es la tradición bíblica y patrística en subrayar la eficacia del canto y de la música sacra para mover los corazones y elevarlos a penetrar, por así decirlo, en la misma intimidad de la vida de Dios".

"Por este motivo", agregó el Papa, "la autoridad eclesiástica debe comprometerse a orientar sabiamente el desarrollo de este exigente género de música, no 'congelando' el tesoro, sino buscando insertar en la herencia del pasado las novedades valiosas del presente, para llegar a una síntesis digna de la alta misión reservada a ésta en el servicio divino".

Benedicto XVI confió que el Pontificio Instituto de Música Sacra, en sintonía con la Congregación para el Culto Divino, "no dejará de ofrecer su contribución para un 'aggiornamento' adaptado a nuestros tiempos de las preciosas tradiciones de las que la música sacra es tan rica".


jueves, 27 de septiembre de 2007

Otra vez, Roma dando la pauta. ¿Y nosotros, otra vez haciendo lo contrario?

La salvaguardia de la antigua escuela romana llevada a cabo por la Capilla Liberiana recibió por fortuna nueva savia e impulso con el “movimiento ceciliano”. Se le devolvió a la música sagrada importancia y dignidad; se multiplicaron los esfuerzos en la investigación paleográfica y se llegó a la promulgación por parte de Pío X del Motu proprio Inter pastoralis officci sollicitudines (1903), que le devolvió plena dignidad al canto sagrado, y se fundó el Pontificio Instituto de Música Sagrada (1911).


En este clima de renovado fervor musical se inserta el gran maestro de ese siglo: Licinio Refice. Director de la Capilla Liberiana desde 1911 hasta 1947 fue, junto con Lorenzo Perosi y Raffaele Casimiri, el verdadero artífice de la renovación de la música sagrada italiana. Profesor del Pontificio Instituto escribió oratorios, cantatas, poemas sinfónico-corales, las óperas Cecilia (1934) y Margherita da Cortona (1938), además de una abundante producción musical litúrgica, en gran parte inédita, sacada a la luz por Mons. Miserachs y conservada en los archivos de la Basílica.

Desde 1947 a 1977 prosiguió su obra Domenico Bartolucci, que luego sería llamado a dirigir la Capilla Sixtina, figura de gran autoridad y atento conocedor de la antigua escuela polifónica, que impregna profundamente su estilo compositivo. Autor también de oratorios y profesor del Pontificio Instituto de Música Sagrada, desde 1973 contó con la colaboración de mons. Miserachs, actual maestro titular. Valentí Miserachs Graus nace en Cataluña en 1943. Llega a Italia en 1963 para completar sus estudios teológicos y musicales. Ha sido organista de la Capilla Julia de San Pedro bajo la dirección de Armando Renzi desde 1975 a 1980. Profesor de composición durante cinco años en el conservatorio de Matera, es uno de los fundadores de la escuela de música “Tomás Luis de Victoria” de Roma, donde durante veinte años ha enseñado Composición, Órgano, Canto coral y Dirección polifónica y Ejercitación orquestal. Es notable su actividad concertística, tanto como organista que como director de conjuntos corales y orquestales. Además de su producción musical litúrgica destinada a la solemnización del culto en la Basílica —4 volúmenes de Motetes, Magnificat, Misas, Salmos responsoriales, Vísperas, etc.— destacan los oratorios Beata Virgo Maria, Stephanus, Isaia, Mil anys, el poema sinfónico-coral Nadal y la Suite Manresana para orquesta. Desde 1995 es el Presidente del Pontificio Instituto de Música Sagrada.


Bajo la dirección del Maestro Miserachs y de su colaborador el p. Aurelio Zorzi sm, la Capilla Liberiana es desde hace años un motivo de orgullo para la Basílica de Santa María la Mayor. Durante todos los domingos “per annum” el servicio de los cantores (unos veinticinco entre tenores y bajos) y del organista titular, el maestro Juan Paradell Solé, o de su sustituto el maestro Gabriele Terrone, solemniza la santa Misa capitular de las 10 de la mañana. La plantilla masculina se enriquece en las principales solemnidades con un coro femenino, preparado y dirigido por el maestro Antonio Alessandri, que suple la falta de voces blancas. Otra señal de la voluntad de devolverle su lustro y esplendor a este “monumento vivo” de la música sagrada ha sido la institución de un grupo estable de metales, dirigido por el maestro Luca Petrongari. Su intervención en las solemnidades mayores (Navidad, Pascua de Resurrección, Pentecostés, etc) corona el clima de maravillosa elevación espiritual que puede respirarse en las amplias naves del templo mariano por excelencia. Pero no cabe duda de que la liturgia alcanza su máximo esplendor en las celebraciones de la Inmaculada, de la Asunción y en la fiesta de la Consagración de la Basílica, el 5 de agosto. Es la tradicional fiesta romana de la Virgen de la Nieve que termina con la espectacular “nevada” de pétalos blancos en la nave central durante el canto del Gloria en la Misa y del Magnificat en la celebración de la Segundas Vísperas.


No es menor el encanto que conservan los servicios de Adviento y de Cuaresma que, respetando la tradición más antigua, se realizan rigurosamente “a capella”. Es asimismo sugestiva la participación de los cantores en las procesiones del Domingo de Ramos y del Corpus Christi y en las funciones de la Semana Santa.



Por desgracia en los últimos decenios una fanática y falsa referencia a los dictámenes del Concilio Vaticano II, a menudo ampliamente tergiversados, ha causado un progresivo cuanto deletéreo rechazo de la sana práctica coral en favor de “modernas” formas musicales con la ilusoria intención de hacer más actual y atractiva la liturgia. En este difícil panorama la Capilla Liberiana se presenta como el baluarte de la tradición romana más auténtica, que tanto ha dado al mundo de la música y cuyo patrimonio no puede ni debe olvidarse. Muestras de estima y aprecio por parte de los cardenales arciprestes de los últimos treinta años y de todo el Cabildo, además de los numerosos estimadores y amigos, animan al maestro, a los maestros colaboradores y a todos los cantores a perseverar en su misión de testigos del arte musical sagrado.

La música en la Misa debe ser más digna y ayudar a las personas a rezar, dice el Papa Juan Pablo II

CNS / ACIVaticano

Aunque el canto gregoriano y los órganos ocupan un lugar de honor en la historia de la música litúrgica, el empleo de nuevas composiciones y de otros instrumentos pueden ser apropiados en la Misa, siempre que reflejen el carácter sagrado de la celebración y ayuden a los fieles a rezar, expresó el Papa Juan Pablo II en un nuevo documento dado a conocer en italiano el 3 de diciembre, para conmemorar el 100º aniversario de un texto sobre el mismo tema, escrito por el Papa Pío X.
Aunque muchas canciones litúrgicas modernas se valen de estilos y de instrumentos “que no carecen de dignidad”, señaló el Papa, “es preciso garantizar que los instrumentos sean apropiados para el uso sagrado” y la dignidad del templo. Como dijo San Pío X 100 años atrás, “la música es una parte integral de la solemne liturgia, y no sólo un aditamento decorativo, escribe ahora Juan Pablo II.
La música empleada en la Misa tiene que ser música sagrada basada en textos sagrados, insistió Juan Pablo II. Su contenido y su ritmo tienen que seguir los gestos y el tono de la liturgia a la cual acompaña.

La liturgia asume un respiro cósmico y universal
Al día siguiente, 4 de diciembre, el Pontífice firmó una Carta Apostólica sobre la liturgia, que se publicó con ocasión del 40 Aniversario de la Constitución del Concilio Vaticano II Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia.
En la Carta de 16 puntos, el Santo Padre señala que la Sacrosanctum Concilium fue “primicia de aquella ‘gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX’, el Concilio Vaticano II”, que le concede la ocasión para “redescubrir las temáticas de fondo de la renovación litúrgica querida por los Padres del Concilio, verificar de alguna forma su recepción y dirigir la mirada hacia el futuro”.
“La vida litúrgica de la Iglesia asume un respiro cósmico y universal, marcando de manera profunda el tiempo y el espacio del hombre”, dice el Papa; y agrega que “en esta perspectiva se comprende también la renovada atención que la Constitución da al año litúrgico, el camino a través del cual la Iglesia hace memoria del Misterio Pascual de Cristo y lo revive”.
El Pontífice recuerda luego la importancia que el Concilio concede a la música sagrada “cuyo fin es ‘la gloria de Dios y la santificación de los fieles’”; así como al arte sagrado, que permite que “el culto pueda brillar también por el decoro y la belleza del arte litúrgico”.
“Un aspecto que es necesario cultivar con mayor compromiso en el interior de [las iglesias] es la experiencia del silencio”, dice el Santo Padre. “En una sociedad que vive de manera cada vez más frenética, frecuentemente aturdida por los ruidos y dispersa en lo efímero, redescubrir el valor del silencio es vital”, agrega.
Por eso, explica el Papa, “la pastoral litúrgica, a través de la introducción a las diversas celebraciones, debe inspirar el gusto por la oración”. En este aspecto, “es importante introducir a los fieles a la celebración de la Liturgia de las Horas, que, ‘en cuanto oración pública de la Iglesia, es fuente de piedad y alimento de la oración personal’”
Juan Pablo II señala luego el papel irrenunciable de los sacerdotes “en la educación para la oración y en particular en la promoción de la vida litúrgica” de los fieles laicos; una responsabilidad que no supone rigidez: “la renovación litúrgica realizada en estos decenios ha demostrado cómo es posible conjugar una normativa que asegure a la Liturgia su identidad y decoro, con espacios de creatividad y de adaptación, que la hagan cercana a las exigencias expresivas de las diversas regiones, situaciones y culturas”.
En el capítulo titulado “De la renovación a la profundización”, Juan Pablo II señala que “a la distancia de 40 años, es oportuno verificar el camino recorrido” y a propósito, lanza importantes preguntas a la Iglesia:
“¿Es vivida la liturgia como ‘fuente y culmen’ de la vida eclesial?”
“El redescubrimiento del valor de la Palabra de Dios, que la reforma litúrgica ha obrado ¿ha encontrado un resultado positivo al interior de nuestras celebraciones?”
“¿Hasta qué punto la liturgia ha entrado en la realidad vivida de los fieles y marca el ritmo de cada comunidad?”
“¿Es comprendida como camino de santidad, fuerza interior del dinamismo apostólico y del espíritu misionero eclesial?”
El Papa señala luego la necesidad de revisar los libros litúrgicos, destacando que en la base de esa revisión “debe existir un principio de plena fidelidad a la Sagrada Escritura y a la Tradición, autoritativamente interpretadas en particular por el Concilio Vaticano II”. Esta fidelidad, agrega, “compromete en primer lugar” a los obispos.
“En esta perspectiva –sigue el Santo Padre – resulta más que nunca necesario incrementar la vida litúrgica al interior de nuestras comunidades, a través de una formación adecuada de los ministros y de todos los fieles”.
“Es necesario, por tanto, una pastoral litúrgica a tono con una plena fidelidad a los nuevos ordines”, agrega el Papa, refiriéndose a los nuevos leccionarios.
Agrega luego que respecto del domingo como día del Señor, se han realizado “esfuerzos notables en la pastoral para que el valor de domingo fuera redescubierto. Pero es necesario insistir en este punto”, señala el Pontífice.
El Papa recuerda luego que la Sacrosanctum Concilium estimula a la comunidad cristiana “a intensificar la vida de oración no sólo a través de la Liturgia, sino también de los ‘ejercicios piadosos’, que realizados en armonía con la Liturgia, casi derivan de ésta y a ésta conducen”.
En la Conclusión, el Santo Padre destaca que la promulgación de la Sacrosanctum Concilium “ha señalado en la vida de la Iglesia, una etapa de fundamental importancia para la promoción y el desarrollo de la Liturgia”; y augura que “se desarrolle, al inicio de este milenio, una ‘espiritualidad litúrgica’, que haga tomar conciencia de Cristo como el primer ‘liturgo’, que no deja de actuar en la Iglesia, para gloria del Padre, en la unidad del Espíritu Santo”, afirma el Papa.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Una lección desde Viena. Sobre cómo cantar la Misa.

La polifonía de Haydn y las antífonas gregorianas del misal antiguo acompañaron la misa del Papa en la capital de Austria, toda celebrada con "la mirada hacia Dios". Un modelo para las liturgias católicas de rito latino en todo el mundo.


Por Sandro Magister


ROMA, 12 de setiembre del 2007

Entre las muchas cosas que Benedicto XVI dijo e hizo en sus dos viajes de inicios de setiembre, a Loreto y a Austria, hay dos que marcan y distinguen en modo inconfundible su pontificado.
Ambas tienen que ver con la visibilidad de la Iglesia, con su capacidad de comunicar: no a sí misma sino “las cosas de arriba”.

En Austria, con la misa en la catedral de Viena del domingo 9 de setiembre, Benedicto XVI ha hecho entender como quiere que la Iglesia aparezca ante los hombres, en el momento en el que se muestra más altamente reconocible: la celebración eucarística. Con la misa celebrada en la catedral de San Esteba, Benedicto XVI ha vuelto a dar vida a una tradición musical y litúrgica que había permanecido ininterrumpida desde hace décadas.


En efecto, hasta donde se alcanza a recordar, la última celebración papal acompañada de la ejecución completa – Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei – de una gran misa polifónica se remonta al 1985, con la "Krönungsmesse" de Mozart dirigida por Herbert von Karajan, en San Pedro. Y la penúltima, al lejano 1963. También aquella vez la misa fue celebrada en San Pedro, y el autor escogido fue Giovanni Pierluigi de Palestrina, maestro de la polifonía romana del siglo XVI.
Esta vez la misa fue celebrada en Viena y el autor con justicia fue el austriaco Franz Joseph Haydn: con la estupenda “Mariazeller Messe” del 1782, para coro, solos y orquesta.

También el canto gregoriano ha hecho una reaparición importante en la misa papal del 9 de setiembre. Durante la comunión el coro cantó varias veces la antífona “Vovete”, propia de este domingo en el misal de rito antiguo, alternada a versículos del salmo 76 también cantados en latín: “Haced promesas al Señor, vuestro Dios, pero cumplidlas. Vosotros, que rodeáis al que es digno de temor, traedle ofrendas. Pues él quita la vida a los gobernantes y causa temor a los reyes del mundo".

Un crítico musical hubiera aprobado con la máxima nota la espléndida ejecución, dirigida por Markus Landerer, maestro de capilla de la catedral de Viena. Pero se trataba de una misa, no de un concierto. Y Benedicto XVI impartió con esta finalidad una lección clara, en dos sucesivos momentos de la jornada.
En el Ángelus, pocos minutos después del término de la misa, comenzó su discurso así:

“Esta mañana ha sido para mi, una experiencia particularmente bella el poder celebrar con todos vosotros el día del Señor en un modo tan digno en la magnífica catedral de San Esteban. El rito eucarístico realizado con el debido decoro nos ayuda a tomar conciencia de la inmensa grandeza del don que Dios nos hace en la santa misa. Precisamente así nos acercamos también al asunto y experimentamos la alegría de Dios. Estoy agradecido por tanto a todos los que mediante su contribución activa en la preparación y el desarrollo de la liturgia o también mediante su participación recogida en los sagrados misterios, han creado una atmósfera en la que la presencia de Dios era verdaderamente perceptible”.

En la tarde, en el monasterio de Heiligenkreutz donde cada día 80 monjes cistercienses celebran el oficio divino en puro gregoriano y totalmente en latín, dijo: “En la belleza de la liturgia, […] donde juntos cantamos, alabamos, exaltamos y adoramos a Dios, se hace presente sobre la tierra un pedacito de cielo. No es en verdad temerario si en una liturgia totalmente centrada en Dios, e los ritos y en los cantos, se ve una imagen de eternidad. […] En todo tipo de tarea para la liturgia el criterio determinante debe ser siempre la mirada hacia Dios. Estamos frente a Dios: Él nos habla y nosotros le hablamos a Él. Donde las reflexiones sobre la liturgia se nos pregunta solamente cómo hacerla atractiva, interesante y bella, la partida ya está perdida. O sea es opus Dei, obra de Dios, con Dios como específico sujeto, o no es. En este contexto os pido: realizad la sagrada liturgia a teniendo la mirada en Dios en la comunión de los santos, de la Iglesia viviente de todos los lugares y de todos los tiempos, con el fin de que se hagan expresión de la belleza y de la sublimidad del Dios amigo de los hombres”. “Una liturgia que se olvida de mirar a Dios está, como tal, en su ocaso”.


Difundidas al mundo, las misas papales son un paradigma para las liturgias de la Iglesia latina en todo el mundo.