
Por Sandro Magister
ROMA, 12 de setiembre del 2007
Entre las muchas cosas que Benedicto XVI dijo e hizo en sus dos viajes de inicios de setiembre, a Loreto y a Austria, hay dos que marcan y distinguen en modo inconfundible su pontificado.
Ambas tienen que ver con la visibilidad de la Iglesia, con su capacidad de comunicar: no a sí misma sino “las cosas de arriba”.
Ambas tienen que ver con la visibilidad de la Iglesia, con su capacidad de comunicar: no a sí misma sino “las cosas de arriba”.
En Austria, con la misa en la catedral de Viena del domingo 9 de setiembre, Benedicto XVI ha hecho entender como quiere que la Iglesia aparezca ante los hombres, en el momento en el que se muestra más altamente reconocible: la celebración eucarística. Con la misa celebrada en la catedral de San Esteba, Benedicto XVI ha vuelto a dar vida a una tradición musical y litúrgica que había permanecido ininterrumpida desde hace décadas.

Esta vez la misa fue celebrada en Viena y el autor con justicia fue el austriaco Franz Joseph Haydn: con la estupenda “Mariazeller Messe” del 1782, para coro, solos y orquesta.
También el canto gregoriano ha hecho una reaparición importante en la misa papal del 9 de setiembre. Durante la comunión el coro cantó varias veces la antífona “Vovete”, propia de este domingo en el misal de rito antiguo, alternada a versículos del salmo 76 también cantados en latín: “Haced promesas al Señor, vuestro Dios, pero cumplidlas. Vosotros, que rodeáis al que es digno de temor, traedle ofrendas. Pues él quita la vida a los gobernantes y causa temor a los reyes del mundo".
Un crítico musical hubiera aprobado con la máxima nota la espléndida ejecución, dirigida por Markus Landerer, maestro de capilla de la catedral de Viena. Pero se trataba de una misa, no de un concierto. Y Benedicto XVI impartió con esta finalidad una lección clara, en dos sucesivos momentos de la jornada.
En el Ángelus, pocos minutos después del término de la misa, comenzó su discurso así:
“Esta mañana ha sido para mi, una experiencia particularmente bella el poder celebrar con todos vosotros el día del Señor en un modo tan digno en la magnífica catedral de San Esteban. El rito eucarístico realizado con el debido decoro nos ayuda a tomar conciencia de la inmensa grandeza del don que Dios nos hace en la santa misa. Precisamente así nos acercamos también al asunto y experimentamos la alegría de Dios. Estoy agradecido por tanto a todos los que mediante su contribución activa en la preparación y el desarrollo de la liturgia o también mediante su participación recogida en los sagrados misterios, han creado una atmósfera en la que la presencia de Dios era verdaderamente perceptible”.
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Difundidas al mundo, las misas papales son un paradigma para las liturgias de la Iglesia latina en todo el mundo.
1 comentario:
¿Cual fue la misa de Palestrina cantada en 1963?
Gracias
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